Publicaciones sobre Arquitectura y Edificación

Comentario
 

La Dirección de la Ejecución es una expresión acuñada por la Ley de Ordenación de la edificación que se ha gestado en medio de las discusiones que durante años se han mantenido para alumbrar el texto que había de regular esta importante industria. En el ámbito de la edificación, España cuenta tradicionalmente con la peculiaridad, respecto de otros países de su entorno, de exigir que la dirección de la obra y la verificación de la calidad de lo edificado sea comprobado por una Dirección Facultativa compuesta por dos agentes que ahora se denominan el Director de Obra y el Director de la Ejecución. En el marco de la LOE esas funciones pueden ser ejercidas por varias titulaciones según los usos a que se destina el edificio. En el tipo de edificio más generalizado, el destinado a actividades básicamente residenciales (se dan más detalles en el texto), la Dirección Facultativa está formada por arquitectos (Director de Obra) y Arquitectos Técnicos (Director de la Ejecución de la Obra). Esta doble presencia no implica duplicidad de acción, como la propia LOE deja claro en la funciones de cada uno. Al contrario, permite la articulación simultánea de una visión global y de una visión de detalle.

La primera, que se ocupa de los aspectos técnicos, estéticos, urbanísticos y medioambientales sirve para que el proyecto sea debidamente interpretado y las modificaciones que sean necesarias no traicionen su espíritu, al tiempo que armonizan siempre con los intereses del Promotor y las exigencias reglamentarias. La segunda, se ocupa de que los productos tienen las características especificadas y de que los procedimientos de ejecución garanticen que las unidades de obra y las instalaciones alcanzarán las prestaciones esperadas; además de certificar los trabajos realizados y documentar las operaciones de control que sean necesarias. De este modo la Dirección Facultativa como conjunto permite garantizar la coordinación de todos los intereses en juego.

Esta importante función reconocida por la LOE para el Director de la Ejecución pone de manifiesto la necesidad de que los profesionales señalados la ejerzan de acuerdo a las exigencias de los tiempos actuales. A las razones de carácter exógeno dadas más arriba, tales como la importancia económicamente decisiva del sector o la exigencia creciente de la sociedad en materia de calidad y duración, se añaden las de carácter interno tales como la especialización creciente y la prestación de los servicios en cualquiera de la formas empresariales que hoy se ofrecen. La especialización porque la complejidad creciente de los conocimientos implicados obligan a su distribución entre las capacidades individuales y las formas empresariales porque la necesidad de la integración de servicios sólo puede darse mediante la concurrencia de especialistas en empresas o cualquier tipo de organización equivalente funcionalmente. Estas sencillas proposiciones presentan grandes dificultades de aplicación a las profesiones liberales acostumbradas por la tradición a actuar como islas en el mar de la industria. Hoy empiezan a emerger empresas de proyecto y dirección que son la reproducción, en otro nivel, de lo que fueron los estudios de arquitectura en los años setenta antes de su disolución por la furia de la fiebre de subcontratación que se produjo en la década siguiente. Ahora no han vuelto a la construcción, como todo el mundo sabe, las grandes plantillas de empleados, sino una mayor capacidad de gestión unitaria de la acción de los profesionales desintegrados en aquella época. Esa capacidad de gestión tiene que provocar un salto adelante en la prestación de servicios a la Construcción. Entre esos servicios, la Dirección de la Ejecución tiene que ser prestada en el seno de formas asociativas muy tecnificadas donde sea posible extraer toda la sinergia potencial.

Este libro está pensado para una época de transición, la que va de la actual acción individual a la acción concertada en empresas. Contiene todo lo que el autor cree que conviene conocer a un Director de la Ejecución, tanto en lo que concierne a su estatus como a lo que interesa a su capacidad técnica. Por eso el texto se divide en dos tomos que contienen tres partes. El primer tomo incluye las dos primeras partes que se han nominado retóricamente "lo que la LOE da..". y "lo que la LOE exige...". De este modo se separan con claridad lo referente a la condición legal y sectorial del Director de la Ejecución y sus relaciones con el entorno profesional de lo referente a las técnicas que debe exhibir con pericia en su ejercicio diario. El segundo tomo incluye a la tercera parte más versátil que se ocupa de proporcionar los datos necesarios para aplicar las obligaciones del Director de la Ejecución en relación con los productos y procesos. Se ha procedido así pensando en que la aparición del Código Técnico que puede hacer cambiar mucho de lo que contenga este segundo tomo, lo que obligaría a una actualización que no tiene por que afectar a las dos primeras partes (más estables).

Hacer casas (esa añeja expresión) es una hermosa profesión a la que esforzados y brillantes hombres se han dedicados durante siglos. En el futuro podremos decir esforzados hombres y mujeres porque, afortunadamente, la mitad de la realidad se une a su complemento también en esta tarea de crear cobijo para la acción humana. La historia de la pintura muestra algunos ejemplos de mujeres brillantes (Artemisa Gentileschi o Rosalba Carriera), pero no conozco casos semejantes en arquitectura o construcción. Mi experiencia es que ganamos con la llegada de mujeres al oficio. Pues bien, puede que "hacer casas" vaya paulatinamente convirtiéndose en una sofisticada actividad en la que por razones medioambientales intervengan poco los productos pesados que todavía manejamos y sólo etéreas aleaciones y espirituales soldaduras. Para no ser los trogloditas de ese futuro es necesaria una evolución progresiva que integre toda la técnica y tecnología que se sea capaz de adquirir y administrar. Eso implica profundos cambios de mentalidad que proporcionen la capacidad de gestionar los nuevos recursos tanto humanos como materiales. Aunque se percibe cierto escepticismo al respecto, estamos entrando en una época en la que el principal recurso será la inteligencia, o sea, la capacidad de adaptarse creativamente a los cambios en el flujo de información que nos envolverá. Tenemos poco tiempo para elegir entre la claridad o el aturdimiento antes esta avalancha. Los técnicos debemos encontrarnos cómodos en ese vértigo de conocimiento porque esa es la materia prima que consumimos y transformamos y para ello nos han preparado con mayor o menor fortuna. Los colegios profesionales evolucionarán, lo quieran o no, a entidades de servicios muy depuradas que les permita seguir siendo útiles en un escenario de voluntariedad de la colegiación. Escenario en el que tendrán que equilibrarse las capacidades de seducción de colegios y colegiados. Los unos atrayendo a los potenciales miembros y los otros cumpliendo determinadas condiciones de competencia para ser admitidos en clubes cuya mera membresía les proporcionará prestigio adicional.

Todos estos importantes factores o efectos del cambio en marcha tienen que contribuir a la consolidación de un agente cuya legitimidad reside en su capacidad de responder a una necesidad real. Esa necesidad se formula así: el Promotor es responsable ante la administración y sus clientes del producto complejo que pone en el mercado. Para ello necesita contar con un equipo de expertos que se ocupen, en armonía con sus intereses, de los aspectos técnicos de su actividad. En la Edificación los aspectos técnicos se concretan en tres funciones básicamente: proyectar, verificar la fidelidad conceptual al proyecto durante la ejecución y verificar la fidelidad material de la ejecución misma. Estas tres funciones explican las tres figuras con las que la Ley de Ordenación de la Edificación de 1999 dota al Promotor de un equipo solvente: El Proyectista, El Director de Obra y el Director de la Ejecución de la Obra. En los tomos de este texto nos vamos a ocupar de todo los concerniente a éste último en la esperanza de que le resulte útil.

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